7 de diciembre de 2011

LA PLAZUELA Y EL PINTOR DE LOS SEIS NOMBRES

Poetas que leen a Vallejo por la madrugada. Trovadores que versan encima de la incoloridad del cemento. Punks que con sus ropas oscuras se camuflan en la noche. Metaleros que rugen dentro de la penumbra de sus oscuros polos. Skaters que flexionan sus rodillas hasta más de un metro de altura, y de bikers que giran los timones de sus BMX. Grupos juveniles urbanos macerados por el arte, y que por las noches se reúnen en un tradicional ambiente; la Plazuela Merino. 


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LA FAMILIA DE LARGOS NOMBRES. Don José Clemente Merino Arrieta del Risco y Avilés, luego de que fuera alcalde de Trujillo en 1808, y bajo el brazo trajera el cargo de Juez Real, Subdelegado y Comandante Militar del Partido de Piura, se instaló en nuestra ciudad junto a su esposa Micaela Muñoz de Ostelaza Cañote y Ríos. Ellos tuvieron un hijo que bautizaron un 9 de febrero de 1817 en la Iglesia Matriz de Piura con el nombre de José Ignacio María Pedro Nolasco y Ramón Merino Muñoz, más conocido como Ignacio Merino. 

ALLÍ DONDE SE LEVANTÓ LA PLAZUELA. Cierto día, el empresario alemán Carlos Schaefer Shon donó a Piura toda una manzana. El terreno que estaba ubicado entre la calle Libertad –antes llamada calle Real- y la avenida Sánchez Cerro –antes calle Querecotillo, luego jirón Ancash- albergaba algunas casas coloniales que años después pasaron por la demolición. Una de estas fue la casa donde nació el poeta Carlos Augusto Salaverry Ramírez que se destruyó a fin de disponer más espacio para ahí mismo levantar una plazuela. 

EL PINTOR UNIVERSAL. El pequeño Ignacio viajó a París a los once años. Se convirtió en pintor universal cuyos cuadros inspiraron a Julio Verne para escribir sus primeros relatos. A causa de una infección pulmonar murió el 17 de marzo de 1876 a los cincuenta y nueve años. La riqueza indicada en su testamento era de 110621,3 francos, 6903,10 soles, 13000,00 dólares y 2420,00 libras esterlinas. De aquel documento firmado ante el Cónsul del Perú en París el pintor dejaría dinero para diversas obras públicas de Piura. 

UN SÁBADO DE 1903. A las cinco de la tarde del 15 de agosto de 1903 se inauguró una plazuela en el terreno donado por el empresario alemán. Delante del pedestal de cemento estuvo el Prefecto Vargas Quintanilla y el escultor de la obra, el contratista italiano Agustín Marazzani Visconti. Alrededor de los cuatro simétricos jardines estaban autoridades políticas, judiciales, municipales, y los miembros de la comisión que se encargaron de levantar la plazuela que llevaría el nombre del pintor de los seis nombres. 

LA DONACIÓN. Con la donación que hiciera, Ignacio Merino deseó que se construyera una pileta y que se le hicieran una máscara de plata que tuviera inscrito “Merino a Sescau”. Pero en realidad, en nuestra ciudad se hizo otras obras; el Puente Viejo que duró solo 4 años porque en 1891 un Niño travieso lo trató como si fuera un juguete; una verja que protegió a la estatua de La Libertad en la Plaza de Armas hasta 1906; y hasta alcanzó para la pila bautismal de la Iglesia Matriz. Pero nunca se hizo la pileta que el pintor universal tanto anheló. 

LOS DOMINGOS DE RETRETAS La Plazuela Merino en verano siempre fue uno de los lugares más concurridos de Piura antigua. Se disputaba la preferencia de los piuranos junto con el Puente Viejo. Pero la plazuela era frecuentada especialmente los domingos en las retretas a cargo del Regimiento Militar de Piura. Aquellos días ir a la plazuela era un paseo obligado, un encuentro de parejas y amigos donde se bailaba y disfrutaba de la música marcial, valses, marineras y hasta fragmentos de opera. 

108 AÑOS DESPUÉS. Una masa de bronce se levanta arriba del cemento incoloro: tiene la figura de un pintor. De pie, Ignacio Merino vigila el lugar más histórico de Piura. Viste con guardapolvo acostumbrado por los artistas de los mil ochocientos, y con una boina vasca que le cubre de los pincelazos amarillentos del sol. Por las noches, le rodean artistas que le rinden tributo al arte. Ignacio Merino mira hacia el río, quizá persiguiendo con la mirada a quien se robó su pincel de oro, aquel instrumento que le dio reconocimiento universal. 

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Publicado en suplemento Semana de diario El Tiempo, domingo 4 de diciembre 2011. 
La fotografía fue la ganadora del I Concurso de Fotografía "Ciudad y Arquitectura" organizado por el Colegio de Arquitectos de Piura.

23 de noviembre de 2011

Una mochila con mucha fe


Caminan más de trescientos kilómetros para tocar por diez segundos el manto del Cautivo de Ayabaca. Tiempo suficiente para olvidar el sol, el hambre, el frío, el páramo, la lluvia, la intemperie y el peligro que los acompañó durante los siete días que aproximadamente duró el recorrido. Harán borrón y cuenta nueva; algunos regresarán como si nunca hubieran pecado; otros, lo harán seguros de que el “Rey de los peregrinos” extenderá las manos cruzadas para agarrar sus peticiones. Pero todos, los más de 150,000 entre devotos y peregrinos, estarán alegres de haber visitado al “Negrito milagroso”.

El peregrinaje se realiza en grupos llamados “hermandades” que fácilmente son identificados por sus togas y binchas moradas con letras amarillas, y por cargar rollos de plástico que les protegerá de la lluvia. Las mochilas que llevan a cuestas serán los botiquines de primeros auxilios; talcos y harinas para las escaldaduras, esmalte de uñas para adormecer el dolor y cicatrizar las heridas, toallas higiénicas que usarán como reconfortables plantillas para los pies; algo de ropa, y algún alimento como la cecina; y sobre todo mucha agua. Pero, adelante, en el pecho, llevan algo más grande y pesado: una fe que los hará moverse entre montañas.

Con la cuesta empieza lo más pesado del camino. Pero ahí están los ceibos que con los brazos extendidos les darán una cordial bienvenida llena de fantasía y al mejor estilo de las películas de Harry Potter. También son anfitriones los niños vendedores de fruta y caña de azúcar en bolsitas, incluso los riachuelos que bajan caprichosamente de la cúspide andina. Los padecimientos se hacen presentes. Dolores musculares, ampollas, escaldaduras, y para los principiantes, como los niños, el soroche que llega con incómodos vómitos o bajas de temperatura. Es en el Puente Paraje Grande donde la naturaleza los premia con el río Quiroz; lavan su ropa y posteriormente, para el secado, la colocan encima de sus mochilas. Y basta con otorgarse un baño en esas heladas aguas para que desaparezcan los males del cuerpo, y del espíritu también.

Los días de caminata siguen llegando, y el quinto par de sandalias se estará desgastando. Media hora antes de llegar a la ciudad está “la nariz del diablo”, roca encantada de 2 metros de altura a la que ejecutan un inusual ritual; la azotan con ramas o correas y hasta le dejan sus zapatos, bastones y otras simbologías del caminante. Solo así se habrán deshecho de las malas vibras y podrán continuar con el peregrinaje. No se irán sin antes haberle colocado el nombre de algún peregrino que tenga una pronunciada nariz.

Las primeras calles de Ayabaca aparecen. La neblina de vez en cuando les ciega el camino; envueltos entre el páramo idealizarán haber llegado al cielo. Los acomedidos habitantes enseguida les alcanzarán agua y barrerán el cemento por donde los peregrinos hacen la penitencia; arrastran sus cuerpos; con los hombros se jalan a sí mismos para llegar hasta la iglesia; deshaciendo las ropas de sus pecados; despellejando sus promesas; dejándolas en carne viva para demostrar al Todopoderoso que realmente anhelan que sus pedidos sean cumplidos. La cola de los devotos particulares da dos vueltas a la plaza, mientras que la de los peregrinos alcanza más de diez cuadras. Las pesadas cruces de más de cien kilos que algunos han cargado son dejadas en la entrada del Santuario. Una vez dentro, todos son bañados con bendiciones púrpuras, y cuando hayan tocado el manto habrán purgado esas pasiones que no supieron moderar; implorarán y llorarán por sus familiares, por la madrecita, o por el familiar desahuciado. Y por fin, abrirán esas mochilas que cargaron en el pecho para ser entregadas a quien los esperó de manos cruzadas y vestido de color luto y penitencia.

Luego de adorar ya nada importa, ni siquiera donde dormirán. Muchos armarán sus carpas en la plaza, o simplemente se recostarán en los cercados de los jardines. Lo harán en delgadas colchonetas, sin cubrecama alguna y sin importarles si el páramo baja hacia ellos y los envuelve por la madrugada. Los que tienen suerte encontrarán un espacio dentro de la iglesia cuyo piso estará cubierto por unos 2 cm. de cera producto de las lágrimas de las velas. Afuera del templo, mientras unos avanzan a paso lento en las colas, otros, también con mucha fe esperan que su artesanía, dulcería, mercadería morada, comida, y réplicas del Cautivo de todo tamaño - que ninguna se asemeja a la de caoba que sigue intacta después de doscientos cincuenta y nueve años- sean vendidos. El páramo, que de vez en cuando cubre la parroquia, parece que fuera la fe y la alegría que brota de los corazones de todos los devotos. 

El rostro del Cautivo brilla más. Cada año llegan más devotos, y no solo del Perú, sino también de Ecuador, Chile, Argentina e Italia. Ayabaca es la Catedral del Perú. Los peregrinos, trepados en camiones de franjas azules y celestes, regresan coreando los mismos cánticos con los que entraron al pueblo de la promesa. Mientras ellos vuelven a sus hogares, con una tonelada de nieve rojiza, otros entran caminando; aplauden y bailan cumbias con letras cambiadas que tienen sabor a alabanza, y todo esto porque acaban de llegar, otra vez, otro año a Ayabaca. “Hasta que el cautivo me lo permita”.

El páramo invade Ayabaca. Esta vez, todos desaparecen. Es la fe y la alegría que brota de los corazones de los peregrinos.

9 de mayo de 2011

La habitación del escritor

Miguel Ruiz Effio, que actualmente radica en nuestra ciudad, publicará su segundo libro de cuentos. El joven limeño ha recibido numerosas distinciones, entre ellas Finalista de las XII y XV Bienales de Cuento Premio Copé 2002 y 2008 de Petroperú, y su libro de cuentos “La habitación del suicida” alcanzó una Mención Honrosa en el V Concurso Nacional de Cuento 2004 de la Asociación Peruano Japonesa. En junio del presente, Ediciones Altazor le publicará su segundo libro de cuentos, “Un nombre distinto” el mismo que fue ganador del Premio “José Watanabe Varas” 2010 de la Asociación Peruana Japonesa.

Texto y fotos: Richard Chávez


¿Cuál fue tu primer acercamiento con la lectura y escritura?En la lectura fue con la poesía de César Vallejo. En el colegio me encargaron un trabajo sobre “Los heraldos negros”, así que luego pasé a Trilce y a raíz de eso empecé a escribir poesía que nunca publiqué. En narrativa, empecé leyendo novelas peruanas, pero lo que más me impactó fue el cuento “La noche boca arriba”, de Julio Cortázar, cuando lo leí en la universidad, a los dieciocho años. Un cuento impactante en técnica, con final sorpresivo. Eso me llevó a escribir narrativa.

Tienes a cargo la gerencia de un cine, ¿relacionas de alguna manera tu trabajo con la creación literaria?
Con el tiempo me he dado cuenta de que manejar grupos, una de las cosas que uno hace cuando administra, me permite conocer tipologías y caracteres. Muchas veces me llego a preguntar por las motivaciones. Los seres humanos son complejos y ocurre que hacen algo que no debe hacer, y mi trabajo es corregirlo o sancionarlo, y desde el punto literario siempre me lleva a pensar qué es lo que motivó a esa persona. También me he puesto a pensar que administrar recursos es una manera de manejar bien la técnica que puedes tener. Cuando eliges cómo escribir un cuento, si hacerlo con monólogos o con diálogos, es algo así como administrar tus recursos, y creo que con el tiempo he aprendido a hacerlo mejor y probablemente eso va de la mano con la manera como evolucionó mi lado profesional.

Entonces, ¿crees en la disciplina al escribir?Si, aunque no soy muy disciplinado. Como tengo otra ocupación robo tiempo libre: no tengo dos horas diarias, por ejemplo. No escribo a diario. Antes partía de una idea, que desarrollaba lentamente. Últimamente y por cuestiones de tiempo, prefiero tener la historia armada antes de sentarme a escribir. Y creo que esto me da mejores resultados, a pesar de que la otra forma es un poquito más espontánea y me sorprendía a mí mismo. Pero creo que es mejor tener los recursos controlados, quizá por ahí va eso de tener los recursos mejor administrados. Incluso me permite emplear más tiempo en corregir los cuentos.

¿Te ha ayudado en algo ser Finalista de Copé?
Las dos menciones las he tomado como un termómetro de lo que estoy haciendo. Cuando se armaron las primeras antologías de narrativa, del 2000 hacia delante, pesaba en mi currículo ser finalista del Copé. Desde ese punto de vista puedo decir que me pudo haber ayudado. Claro que un premio sirve para calificar el trabajo que has hecho, pero no te hace mejor ni peor que otro. Por el lado de lo que va sumando al currículo puede ser.

Se dijo que el premio de MVLL beneficiaria a los jóvenes peruanos, ¿sientes eso en ti?
Creo que si, a raíz del premio hay mucho más entusiasmo. He visto la aparición de nuevos concursos literarios. El año pasado, que se convocó al Copé de cuento, casi se duplicó la cantidad de concursantes. Y me parece que hubo más participantes peruanos que extranjeros, lo que quiere decir que hay más participantes en el país tratando de decir algo.

¿A largo plazo cómo quisieras que beneficie a los jóvenes escritores como tú?Quizá más apoyo a las actividades culturales, que haya una política de Estado que reconozca el arte como parte importante del desarrollo del país. Por ejemplo, los acontecimientos políticos y sociales de los últimos años hacen ver que la cultura está divorciada de la realidad: hay intelectuales hablando de cosas abstractas o de sistemas, cuando podrían participar más en la vida del país para evitar brechas o acercar sectores.

En tu primer libro “La habitación del suicida” el tema constante e hilo conductor es la muerte.
Si. El primer cuento de ese libro lo habré empezado a los dieciocho años, y probablemente la temática está ligada a lo que uno vive de adolescente. También hay temas amorosos, relaciones de parejas jóvenes. Quizá se deba a la edad, porque uno en la adolescencia está buscando situarse dentro de un grupo y los fracasos son los que te hacen pensar en salidas trágicas. Como que hay esa meditación: lo exitoso te lleva a sentirte el mejor, y lo que te frustra te lleva a pensar en eliminarte.

¿Volverás con la misma temática en tu segundo libro?
No, el hilo conductor en este segundo libro es una reflexión acerca de la maldad del ser humano. Cada cuento es una aproximación a responder por qué el hombre comete actos de maldad. Hay personajes que sufren la maldad de otros, de su entorno, hay personajes que se vuelven malos, otros que han ocultado su maldad y esta se revela de pronto. La manera cómo planteo estos cuentos es distinta, no hay ese golpe final del cuento clásico. Creo que es un poco más maduro, que es lo que estaba buscando.

En el cuento, ¿sientes la compañía de otros jóvenes en este género literario?
Si, precisamente hay bastantes personas y escritores escribiendo cuentos. Como que se ha vuelto prestigioso a pesar de que no tiene mucho apoyo editorial, salvo de algunas editoriales independientes. Pero si veo mucha gente escribiendo cuentos o intentando hacerlo mejor cada día.

Antes de venir a Piura, ¿qué conocimiento tenías de la literatura que se producía acá?
De la más clásica, o de los autores más consagrados como Miguel Gutiérrez, o Cronwell Jara que es el gran formador de cuentistas de los últimos años, el que organiza talleres de autores que han llegado a ser ganadores del Copé. No conocía mucho de los últimos autores por la escasa difusión del libro. Cuando he venido he revisado algunos nombres del libro “Estirpe púrpura”, y alguna poesía de amigos.

¿Y Piura como ambiente literario en tu obra?
En los pocos meses que llevo aquí he logrado escribir un cuento que tiene que ver con la experiencia de estar en un departamento viviendo solo y de algunas particularidades que me he dado cuenta como el clima, el atardecer en Piura. En realidad, el cuento está ambientado en Piura y quizá luego de la corrección aluda mejor a esta ciudad. Aún es un poco vaga la relación —digamos que podría mover el escenario a otra ciudad—, pero dudo que pueda ambientarla tan bien como aquí porque el texto ya tiene marcas y señales que los piuranos podrían reconocerlas como propias de la ciudad.

  • Publicado en el suplemento "Semana" de diario El Tiempo.

2 de mayo de 2011

Piura, la ciudad mágica.


Cierto día, debajo de un algarrobo, me pregunté ¿Qué era Piura? Y la respuesta la obtuve cuando tan solo iba observando mí alrededor; y en mi cabeza se iban dibujando las diversas fotografías de la ciudad del eterno calor…

PIURA ES CALOR. Es un caldero ardiente como el desierto de Sechura. Son los cabellos de un sol surfista que caen a las seis de la tarde sobre los hombros de la ciudad. Es una calurosa cama cubierta de infinitas sábanas marrones donde crecen valientes algarrobos. Es el fuego constante de la leña con la que cocinan las criollas vivanderas. Es la inapagable fogata de un campamento en la playa. Es la cocina donde hierve el agua llamada Fenómeno del Niño. Es el verano, un churre egoísta, que rehúsa a ceder el paso al resto de las estaciones. Piura es, y siempre lo será, calurosa como su saludo “Buenos días de Dios”

PIURA SIGNIFICA REFRESCARSE. Es un clarito helado servido en las picanterías y restaurantes. Es humedecer la alegría en los coloridos carnavales de Catacaos. Es la rojiza raspadilla por el San Teodoro. Es otorgarse un buen nado en Los Ejidos. Es la cremolada de guanábana servida en los vasos naranjas del Chalán. Es expulsar el vaho mientras uno se asombra con los paisajes de la Suiza Peruana; Canchaque. Es la soya helada, en cualquier carretilla, con su respectiva yapa. Es Máncora donde Sofía Mulanovich aprendió a ser la Campeona Mundial. Piura es fresca como la amicalidad de los piuranos.

Piura es magia. Es la mejor mesada de curanderismo que deja hipnotizado a querer regresar. Es el majestuoso y enigmático Cerro Vicús. Es observar ovnis en Piura La Vieja. Son los seductores castillos de fuegos artificiales de las fiestas jubilares. Es deshacer al frío en la misma sierra con un vasito descartable de cañazo. Es hacerse una curación en las Huaringas. Son los ceibos, magnánimos señores que nos dan la bienvenida con brazos abiertos en el camino serrano. Es la seductora filigrana de Catacaos. Es abrazar al Perro sin pelo del Perú y tener una terapia al natural. Piura es magia, y tal como lo escribió Vargas Llosa, Macondo bien pudo ser Piura.

PIURA ES COSTUMBRISMO. Es la lluvia constante de una planta, que moja al suelo piurano; sus gotas, las algarrobas. Es el burro el mejor amigo del hombre rural, y el mejor guía turístico del camino bajopiurano. Es el cholo recio y terco trabajando la tierra. Es la chicha de jora, la Coca-Cola criolla. Es la banda de músicos en los mayordomos llevando las partituras en sus espaldas. Son los churres bajopiuranos saliendo a matar lagartijas y tumbar panales, moviendo sus hondas para que el choqueco no se las cuartee. Son los sombreros de paja colgados en las paredes de las jugosas picanterías. Son las ollas y cántaros de barro hechos en Simbilá. Es la bajada de Reyes en Narihualá. Son las yunsas bajopiuranas. Es el rasgo fonético cantado ¡Oiga doña, ojala regrese pronto por aquí!

PIURA ES COLOR. Son las blusas fucsias y turquesas, y las polleras negras con bordes dorados de las bajopiuranas. Es la cumanana recitada por los mulatos de Yapatera. Es el más fragante café canchaqueño y el mango avergonzadísimo de Chulucanas. Son los sembríos de arroz; la mejor cancha de fulbito, el mejor grass artificial del Bajo Piura. Es el Valle del Chira y su batallón de cocoteros bien alineados que se encrespan a un costado de la carretera para ser fotografiados. Son los millones de diamantes celestes del mar de Cabo Blanco, lugar donde llegó Ernest Hemingway, Premio Nobel de Literatura, en busca del merlín gigante.

PÌURA ES RITMO. Es el coqueteo del gallo con la gallina llevados a un baile norteño: el tondero. Son los negros malgaches sonando sus lapas y produciendo el sonido tun, tun, tun y dando inicio al tondero. Es la pegajosa cumbia sechurana de Agua Marina escuchada en todo el Perú. Es música clásica de la Orquesta Sinfónica Municipal de Piura. Es la gente danzando, junto a su entidad, en las fiestas patronales. Es el acostumbrado e histórico Festival Nacional de Tondero y Marinera Norteña. Es una ciudad llevada a la rima criolla; El Rosal Viviente.

PIURA ES PERSIGNARSE CONSTANTEMENTE. Son sus habitantes y los salesianos volcados a la procesión de la Virgen María Auxiliadora. Es arrastrar las ropas y promesas hacia La Virgen de las Mercedes de Paita. Es la mochila, cargada de promesas, que lleva en el pecho el peregrino al Señor Cautivo de Ayabaca, y también son los milagros que hace éste “Negrito lindo”. Son los jóvenes sedientos por una misa dominical. Piura es la ciudad religiosa por excelencia. Es el catolicismo volcado al Congreso Eucarístico y Mariano.

PIURA ES HISTORIA. Son Los Tallanes o los yungas sus primeros pobladores. Es el apoyo al indígena por parte del curaca tallán Lucas Cutivalú y del sacerdote Juan de Mori. Es la cuna de nuestro héroe, a quien aún no se le ha hecho una película; Don Miguel Grau Seminario. Es la connotable medicina de José Cayetano Heredia. Son los clásicos apellidos; Los Seminario y Los Checa. Son las obras de Miguel Checa y Checa. Es la cuna de la superación de los Ciccia y los Romero. Es la agitada Mangachería, inmortalizada en la pluma de Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel de Literatura.

PIURA ES CULTURA VIVA. Es la primera ciudad en Sudamérica fundada por Francisco Pizarro en 1532. Es la reunión nocturna de jóvenes artistas en La Plazuela Merino. Es retornar a la época colonial mientras se aprecia La Catedral. Es el conjunto de escritores tejiendo su literatura costumbrista. Es Fernando Barranzuela, el último pendenciero que recita pícaros versos a las negras de Yapatera. Son las manos de talla internacional de Óscar Aquino. Es Miguel Gutiérrez y Marco Martos cuyas plumas siempre vuelven a seducirse por su natal ciudad. Son sus bares y chicheríos que ficcionaron en La Casa Verde, la novela del Nobel de Literatura.

PIURA ES CULTURA EMPOLVADA. Es el Príncipe de las Letras Nacionales, Enrique López Albújar. Es la lucha a favor de las comunidades indígenas de Hildebrando Castro Pozo. Son las pinturas de Ignacio Merino que inspiraron a Julio Verne a escribir sus primeros relatos. Es La Encantada que rescata las técnicas de la civilización Vicús. Es el escultor piurano Víctor Delfín construyendo La Paloma de la Paz. Es La iglesia de San Lucas, la primera construida en el Perú y la casa de Manuelita Sáenz, la compañera de Bolívar durante su proeza libertadora.

PIURA ES HACERSE AGUA LA BOCA. Es el mejor cebiche del Perú. Es comer un frito los domingos a las seis de la mañana. Son las comidas de madrugada en Cordovita. Es la pachamanca piurana: el copús. Es el substancioso pepián de pavo y la sopa de novios en los mayordomos. Es la nutritiva algarrobina y su yupisin. Es el pobre de Chabelo y su seco. Es Pedrito curtiéndose los dedos para seducir con su cebiche a Gastón Acurio. Son los tamalitos verdes y las empanadas de Don Manuel. Es el pasao por agua caliente, las cachemas fritas con sarza, y una malarrabia de un viernes santo. Es subir unos kilos con los 7 potajes en Semana Santa, y en cualquier bendita semana que decidamos probar algún plato piurano.

PIURA ES LA CIUDAD HUMANA. Es la Plaza de Armas, el corazón de Piura. Es la transitada Avenida Grau, su columna vertebral, y su cerebro: la Biblioteca Municipal. Es Piura y Castilla las dos manos trabajadoras que levantan la ciudad. Es Catacaos la boca de Piura. Es el sol de Colán y la luna de Paita; los grandes ojos de la ciudad, que desde lo alto guiñan constantemente a los turistas. Son Correo y El Tiempo sus manos redactoras. Es la amicalidad y hospitalidad de los piuranos su mejor rostro.

Entonces, concluí que es imposible minimizar el calor y la riqueza de ésta, la Piura donde nací, hubiera querido nacer y donde quiero morir…
                                                                    Julio 2007 – Setiembre 2010, San Miguel de Piura

5 de noviembre de 2010

¡AHÍ VIENEN LOS LOCOS! - Tras los pasos de uno de los personajes más pintorescos de la literatura peruana: EL LOCO MONCADA

No estuvimos borrachos, tampoco fuimos sonsos, pero si locos; con un cartel en el pecho que decía “Busco información del Loco Moncada” recorrimos las calles de Chimbote. Walter, Eder y yo por cuatro días nos vimos inquietados por la locura de uno de los personajes más pintorescos de la literatura peruana; Ciriaco Moncada Martínez, alias El Loco Moncada.

La primera avenida que visitamos fue la Buenos Aires, ahí todo había cambiado; las fachadas de las casas habían sido remaquilladas; del mercado ambulatorio de hace 20 años sólo quedaba algunos vendedores; incluso se había construido una berma que ahora separaba la avenida. Chimbote, de la época de la pesca y los inmigrantes, había cambiado, todo menos ese aroma a mar que Ciriaco Moncada y José María Arguedas también habían saboreado.

Cuando la gente miraba los carteles que llevábamos, nos detenía para leernos con asombro y sonrisas. Casi todos nos decían lo mismo; “Sí, el loco Moncada, pero no era loco, ah”, “¿Quién, el loco que sale en los libros del escritor José María Arguedas?”, “Por aquí pasaba con su cruz de madera, gritando y lanzando palabrotas”, “Claro, quién no va a conocer al loco que colgaba una hamaca entre dos postes y se ponía a hablar y a vender trabas para gallos”. Y disculpe, ¿tendrá alguna foto del Loco Moncada? ¡No, que va! ni que yo hubiera estado loco para tomarle una foto al loco…

EL LOCO MONCADA
Ciriaco Moncada nació en el año 1924 en Chocope, La Libertad. En Chimbote vivió en el barrio “El acero”. Fue un moreno de cabellos ensortijados que con su 1.72 de estatura se dedicaba a la pesca, con un puesto no tan bien remunerado; patrón de lancha. Aunque vestía de distintas maneras, mayormente se le veía con ropas de pescador, incluso, se ajustaba los pantalones con maya de pescar y usaba los yanquis que usan los hombres de mar. Con su acento vozarrón soltaba su perorata; criticaba a los políticos de turno, alcaldes y al presidente Belaunde Terry. También hablaba de política, sociología y religión, cargando a rastras una cruz de madera, pregonando que él era como Cristo, y que los ricos de Chimbote no sólo contaminaban la ciudad, sino también a él lo habían crucificado.

“¡Loco le dijeron a Cristo y luego lo adoraron!...¡Loco le dijeron a Colón y hoy lo homenajeamos!... ¡Sí!... ¡Somos locos!... ¡Soy loco porque tengo la mente clara en un mundo lleno de trastornados!... ¡Soy loco porque vengo con una cruz, pobre, sucio y con un mensaje divino; seguro que no lo fuera si estuviera elegante y engalanado, si fuera gringo o de ojos azules!... ¡Pobre pueblo de Dios, nunca sufrirás si no cambias, si sigues ignorando los mensajes y designios de tu padre!”

MONCADA Y MARÍA ARGUEDAS
Entre los lugares en donde predicaba sus discursos en busca del derecho social estaba la Farmacia Bazán, el Banco de acero y el Colegio Miguel Grau. Pero el lugar exacto en donde el escritor José María Arguedas se detuvo fue al frente de lo que ahora es el Hotel de Turistas de Chimbote. Moncada encima de una estera, se ponía a remar en un bote imaginario, ironizando a la pesca de los pobres de aquellos años. En una oportunidad lo vio vestido de mujer embarazada, para lo cual dentro de su “panza” se había puesto un gato que maullaba y él decía que era su hijo que lloraba porque reclamaba a su padre, ironizando así la promiscuidad sexual que seducía a Chimbote.

En otra oportunidad, el escritor vio al Loco Moncada bajando una cruz que traía al hombro, y de una bolsa sacó un muñeco que era idéntico a él, que incluso traía las mismas ropas que Moncada. Colgó el muñeco en la cruz y empezó con su discurso: “Pobre Moncada, loco Moncada, todos te calumnian. El gobierno te calumnia, te hace sudar, flagelar, calafatear con candela, te mete en los podridos del barro, del zancudo; Mohama, el candidato a alcalde, te echa la babita, te enamora, te dice “blanquito, blanquiñosito”, te mete alfiler al corazón. ¡Pobre Moncada, Moncadita, hijo!”. Esto, y su incontrolable vocabulario lanzado por lo que su mente a la deriva le ordenaba, fue suficiente para que el escritor se interesara en él. Tanto así que llegó a grabarlo en casete y que luego escuchó constantemente mientras trascribía los discursos del loco en su maquina de escribir Remington, así nacía la novela “El zorro de arriba y el zorro de abajo”.

EL LOCO CARDENAL
En los 80s a Chimbote llegaba el espectáculo de Los Cachascanistas. Cardenal era uno de los más admirados por su colosal fuerza; era de los que nunca perdía en el cuadrilátero. El nombre de ese peleador sirvió para que los lugareños de La Victoria le pusieran a Jaime, el apodo de “Loco Cardenal”. Jaime había nacido con la razón debilitada, prácticamente vivía en las calles y de vez en cuando mostraba su locura con los puños. Cuentan que una vez mató a un borracho que se cayó delante de él, y con un pedazo de chancaca le destrozó el cerebro.

AHÍ VIENEN LOS LOCOS
El Loco Moncada cada vez que veía tirado en el piso al Loco Cardenal, lo levantaba para abrazarlo y caminar juntos por las calles chimbotanas. Moncada, con cierta cordura, repetía “Aquí vienen los locos…ehh ehhh aquí vienen los locos, somos los locos, somos los locos de Chimbote”. Era el único hacía sonreír al Loco Cardenal. Por eso, cada vez que Cardenal lo veía se alegraba lanzando palabras indescifrables; su alegría balbuceaba. Moncada, todo un personaje, de vez en cuando le dejaba propinas, incluso algunos alimentos.

CIERTA CORDURA
Tan loco no estaba, decían algunos, otros que se hacía el loco, que así era su forma de ser. Vendedores del mercado afirmaban que allí llegaba los domingos con terno azul o “verde papaya”, de sombrero negro, y corbata. Paseaba todo orgulloso, mirando hacia arriba, alzándose el sombrero. El fin de semana lo veían subir en “La chimbotera”, la única góndola que había en Chimbote de los 90s, con dirección hacia Trujillo. “Yo llegué a verlo en Trujillo, bien arreglado, tú lo veías y no era el loco que andaba por acá en Chimbote”. Lo veían recorrer las calles trujillanas con terno y gorrita, se paraba todo elegante y también, lejos de Chimbote, con las manos en los bolsillos del pantalón hablaba de política y de injusticias sociales. Los lunes, en Chimbote, se le veía con polo blanco y pantalón negro, con sus redes al hombro seguía lanzando nuevos discursos. Fue Trujillo, la ciudad en que sería arrollado por un auto, quedando en la inmortalidad que logró gracias a sus palabras, y a las letras de Arguedas.

"Yo soy lunar negro que adorna la cara; el lunar cuando está en la mejilla de la mujer buenamoza o en la frente del hombre, es adorno. ¿Quién dice que no? Yo soy lunar de Dios en la tierra, ante la humanidad. Ustedes saben que la policía me ha querido llevar preso otras veces porque decían que era gato con uñas largazas, de ladrón. Yo no niego que soy gato, pero robo la amistad, el corazón de Dios, así araño yo... Y no es la moneda la que me hace desvariar sino mi estrella..."

El Loco Moncada podía vestirse como él quería, de pescador, de político, o de lo que su locura se le antojara. Los que lo conocieron sospecharon de su locura. Las señoras de la ramada, lugar en donde él trabajó, decían que le agarraba la locura por dos o tres días, luego de eso volvía a trabajar de lo más normal. Hasta se sospechó que era un espía que se hacía pasar por loco para estudiar a los detractores del gobierno de aquellos años. Pero de lo que todos estuvieron seguros es que era todo un personaje. Los que lo escucharon alguna vez, de seguro se hicieron los locos, y le dieron la razón cuando él decía:

- “Yo soy un personaje, los escritores famosos han escrito sobre mí, ¿Quién es Moncada? Hay Virgen de la Puerta, hay gallinazos, hay Moncada…”


AGRADECIMIENTOS
- A Alberto Velásquez por los datos sobre El Loco Cardenal. A Luis Vásquez por la foto del Loco Moncada. Y a toda la gente de Chimbote, por haberme creído otro loco.
- Publicado en diario Correo.

“Es sabio y es profeta, de loco no tiene nada, de sabiduría tiene mucho. ¡Es profeta más que loco! – José María Arguedas.

1 de julio de 2010

Revista literaria "Piel de Kamaleón" II

Salió el segundo número de la Revista Literaria "Piel de Kamaleón" que será presentada este viernes 2 de julio a las 11:30 de la noche en la Universidad Federico Villarreal, además el mismo día, también se presentará en el Averno a las 7pm. Cabe mencionar que el sábado pasado fue presentada en Cañete, durante el Festival Cultural "En los extramuros del mundo". La revista consta de 52 páginas de producción literaria.



En poesía figuran los trabajos de Karina Valcárcel, Erick Sarmiento, Rubén Aguilar, Juan Pablo Mejía, Walter Toscano, Jonathan Alvarado y Walter Vásquez.

En narrativa figuran los trabajos de Richard Chávez, Óscar del Prado y Figueroa, Abundio Henares, Gerson Ramírez, Ricardo Calderón Inca, Juan López y Elio Osejo, y también hacen la inclusión de una crónica de Richard Chávez.

La revista también cuenta con traducciones de autores brasileños como Mario Quintana, Manuel Bandeira y Vinicius de Morales. Una reseña del libro "Alucinado" de Luis Boceli, a cargo de Armando Alzamora. En la sección música Wilson Muguerza nos presenta la música subterránea en Trujillo. Finalmente, en la sección Arte Gráfico, los caricaturistas Guaico y David Galliquio nos presentan sus trabajos.

30 de mayo de 2010

"Yo le lustré los zapatos a Haya de La Torre" - Ubaldo Octavio Zapata Albán

Fueron horas de grabaciones, de conversaciones y divagaciones. Fueron días y años que escuché su retórica griega con la que, hasta la fecha, seduce a cualquier piurano. Fueron recuerdos que por su mente aún vagan caprichosamente. Esta vez él ya no trabajaba en Chile, menos viajaba hacia Alemania como quien hace turismo dominical, tampoco repartía medicina con Miguel Godos Curay y Alan García. Ahora estaba en un rincón oscuro, ahí donde la sociedad le ha dado un espacio y donde Correo, luego de una documentación de años, se atrevió a entrevistarlo; Ubaldo Octavio Zapata Albán.

EN CHILE, CON ALLENDE
¿Cómo te trata Piura?
Nada, qué te puedo decir. Es mi pueblo yo he nacido acá, soy mangache. Y aunque no he querido hacerlo, yo he salido a varios países.

Estuviste en Chile, formaste parte del senado de Allende
A mi me encomendaron unos censos donde registraba ingresos de las familias. Trabajé ahí pero todo esto se acaba el 11 de setiembre de 1973 cuando le dan Golpe de Estado a Allende, donde lo matan p..t...e; los encerraron y les metieron bombas en los sótanos presidenciales. Pero fue una amiga quien me salvó de ahí, a pesar de que yo le dije que quería quedarme con el presidente, y me fui con ella.

¿A dónde fueron?
Llegamos a una fundición El Triunfo, hasta que un día llegan militares armados con metralletas, y mi amiga Chela me dice, tú te metes debajo de la cama. Era de madrugada, balas, olores de bomba, era matanza. Pero los militares se dan cuenta y me llevan.

¿Te torturaron?
Si, me llevaron al ejército, me acostaron en una mesa que era como en donde cortan las carnes…pero ya no quiero hablar de eso.


ACTUALIDAD Y POLÍTICA
¿Cómo vez la política en la actualidad?
Villanueva del Campo dijo que el que estaba de Presidente en el Perú no era el APRA. Lo dice en un informe en el diario El Comercio y en La República. Entonces, ¿ha habido aumentos de sueldos?... ¡No! Mas bien los precios han subido por las nubes, como decimos. Una caja de fósforo que antes costaba un real, o medio real, ahora cuesta 40 centavos aquí en la Avenida Grau, ahora que si entras (a un lugar) ahí te sacan la chochoca.

¿Cuál es para ti el mejor presidente que ha tenido el Perú?
Sánchez Cerro, papá. Porque Sánchez Cerro les dio la libertad a los negros c.., y mi mamá fue una negra muy bonita. (Llora)


ALEMANIA
¿Qué es lo que más recuerdas de tus viajes a Alemania?
Llego a Suiza y me bajo del avión. Me voy al baño a orinar, y una doctora me dice ¡oiga usted a dónde va, usted es peruano!, le digo yo me voy al baño a orinar. Ella me respondió “este baño es para nosotros y el otro para nuestros animales, usted no puede orinar acá”

Entonces, ¿me estás diciendo que sentiste el racismo?
Claro, p..t. tú que llegues de viaje a ver un pueblo y con eso te desilusionas. Te c.....n.

Pero, eso sucede en la mayoría de países.
Claro, pero con nosotros, no con los otros.

¿Y qué recuerdos te trae Miguel Godos Curay? Sé que en la primera campaña de Alan García tú le ayudaste a repartir cuadernos.
Repartimos medicina, que a Piura le tocó el 60%, el 40% a Tumbes y alrededores. Fueron 108 productos médicos para infecciones y dolores. También llevábamos tarros de leche SMA. Y todo eso se entregaba para la gente que estaba tuberculosa, afectada por las lluvias.

¿Ahí recién habías regresado de Alemania?
Si, de Europa.

Me contaron que trajiste bastantes elepés
Claro, música de Tom Petty, el grupo Spirit que era fantástico, y los animales de The Beatles.


HAYA DE LA TORRE
Volviendo a la política, ¿Cómo era el aprismo de antes?
El aprismo te hablaba de la realidad que vivíamos y sobre todo nos defendía. No nos defendía ante la policía, sino ante la iglesia, porque ahí era el recinto donde te comían para siempre.

¿Conociste a Haya de La Torre?
P..a, yo le luestré los zapatos a Víctor Raúl Haya de La Torre cuando era niño. Un día, con mi cajón, entré al local del APRA en Alfonso Ugarte, y él dijo cuando venga este niño denle de comer. Y ya pues ahí conversé con él.


LITERATURA
¿Qué autores leías?
A César Vallejo. Lo que escribió el papi Ricardo Palma, y las Tradiciones Peruanas no es un librito, ¡es una colección mundial de todo lo que es la vida del Perú a nivel mundial c...jo.!

Un poema
“Por una mirada un mundo; por una sonrisa un cielo; por un beso…yo no sé que te diera por un beso” (Rimas XXIII - Gustavo Adolfo Bécquer)


RECUERDOS
Háblame de algún recuerdo de tu niñez
Recuerdo que con mi madre preparábamos yupisín, en el campo, en unos jarritos. Cuando vivíamos allá por la FAP.

Miguel Godos Curay de vez en cuando escribe sobre ti en sus artículos..
Si, Director de Correo y que ahora trabaja con Pipo, con el rector de la universidad (señala Castilla)

¿Y cómo sabes que está trabajando en la UNP?
Porque siempre me encuentro con ellos. También anda con gente nuestra que ha estudiado con nosotros, con papá Mariano Calero Merino, este amigo ha estudiado con Pipo, y él ha estudiado fuera de Perú también.


EL SAN MIGUEL
Un recuerdo de tus clases en el Colegio San Miguel.
El matemático Pedro Castillo Coloma, nacido en Paita, el primer día de clases me hizo que le demostrara lo que era el campo matemático, cuando nadie sabía nada. C..s...m..e yo quería decirle profesor pero si yo llego de lustrar, de cargar del mercado…y de pescar truchas en el río (risas)… pero no podía decirle nada. Entonces, dice, a ver Ubaldo Zapata Albán salga a la pizarra para que lo demuestre. Salí y me quedé parado frente a la pizarra. El resto del salón estaba frío, porque nadie nos había dicho qué era el campo matemático. Y el profesor me dijo yo conozco a tu padre, y así me comprometió más. Entonces, p..t..e me acerqué a la pizarra y con la tiza hice sólo un puntito, y le digo, ¡el campo matemático que vamos a estudiar es cuadrática, cuadrimensional y triangular y lo demuestro con el puntito! Luego, le dije ya terminé ¿me puedo ir a sentar?, sí me dijo el profesor y me senté.

¿Tú eres promoción de…había una san miguelino al que torturaron…
Llontop

Si, Carlos Llontop ¿Eres promoción del San Miguel de Carlos Llontop?
No, él era una promoción antes. A él lo desnucaron, le hicieron una dislocación cerebral; le separan el cerebro con el cuerpo, te desconectan, es por eso que él caminaba así, lo dejaron con problemas, lo c…g..n. ¡Exterminio! Ya no puedes hablar correctamente (se quiebra) se te va cortando la comunicación mental (llora) Tú veías que él quería hablar y ya no podía hablar, se enredaba…exterminio total.

¿Qué es para ti la locura?
Es descerebración, exterminio…muerte.
  • Publicado en diario Correo

9 de mayo de 2010

Mi SOLedad y otras olas


Cuando cumplí treinta y un años me regalé un viaje a Negritos, Talara. Una vez en la playa, me detuve y traté desalojar los hombros, llevé mi cabeza hacia atrás, y dejé que la brisa peinara mis recuerdos. “Seguramente el sol ha aparecido con rebeldía desde aquel día que le prometí a regresar”, vociferé. “Y si, joven el sol aparece todos los días desde las cinco de la mañana”, me aseguró un pescador que estaba sentado frente a esos infinitos diamantes de azul tierno…

Medio día. Las olas se perseguían entre ellas. Se disputaban por llegar primero a la orilla. Producían un fuerte sonido, a puñetazos. Solo una de ellas triunfaba, pero disimuladamente regresaba arrastrándose a la contienda; en su retorno dejaba espuma y algunos burbujeantes orificios en la arena. Y en la mar seguían brillando millones de diamantes lapislázulis.

Desde arriba el rey podía sentir su propia pasión en el aire; podía mirar su reflejo en el fondo de la mar. Cada materia recibía sumisamente los átomos dorados; la arena ardía y la dejaba como carbón; el palillo con que están hechas las balsas tenía la apariencia de que fueran esponjas; y los pescadores bronceados parecían pintados a carboncillo.

Unas balsas, lentamente, regresaban a lo lejos. Parecían origamis de papel que un niño había abandonado en una tina con agua. Las velas infladas por el viento parecían pechos de satisfechas garzas. Las velas eran bajadas para que las caritativas ondas marinas arrastraran las balsas hacia la orilla. Una vez ahí los hombres jalaban sus herramientas de trabajo; sentían que la fuerza del mar les arrancaba los brazos; enseguida silbaban a sus ayudantes quienes corrían hundiéndose en la arena. Los cangrejos, temiendo ser destrozados, corrían como bronceadas manos para refugiarse en sus profundas madrigueras.

A un costado, en un cerro; El Faro miraba celoso al sol porque sabía que nunca sería como él; retrechero hacía vanas invocaciones para que la manta oscura, que trae la noche, cubra todo Talara; y así sentirse a sus anchas “un rayo de sol”. Las gaviotas, que estaban a su alrededor, en forma de ves alineadas iban y venían como bumeranes lanzados al antojo del viento. El sol haciendo oídos sordos, avivaba enfurecidamente a Negritos.

Entre el peñasco, de Punta Balcones, un señor terminaba de pescar artesanalmente, y por la forma en que sostenía los pescados parecía que tenía gigantescos dedos de color gris. Al frente, las rocas de la Isla Lobera quemaban al rojo vivo; en sus ponzoñosas superficies descansaban plácidamente los lobos marinos; sapientísimos esperaban la hora que los bolicheros regresen a sus casas para zambullirse y devorar como comensales.

En la tarde. El sol accedía a la inercia que le producía la mar. Empezaba a hundirse en el vestido azul que traía la mar, ella antes le había lanzado infinitos guiños augurando su fin. Cuando finalmente se hundió parecía que su fulgor, enfriado por las aguas, había soltado una humosidad cuyos átomos grises se esparcieron por todo el firmamento. Las gaviotas pasaban con los brazos recogidos; flexibles, como si tuvieran los brazos de papel.

En la noche. La luna, medio sonámbula, daba sus primeros bostezos. Los pescadores sonreían porque sabían que más tarde les alumbraría las faenas nocturnas. Los cangrejos confundidos entraban y salían a deshoras de los cadáveres de los lobos marinos. Las olas arañando la arena lograban pintarla de marrón oscuro. Al fondo, la línea que dividía el cielo de la mar desapareció, como si el Todopoderoso con un borrador quisiera perfeccionar su creación a esas horas.
La danza de la noche rápidamente abucheaba las cosas; las esquinas de las casas, los techos de las casas, y la mar se escondía en la oscuridad con un verde camuflado. El paisaje de Negritos, que por la tarde había impactado, ahora se difuminaba lentamente. La luz del faro empezaba a encenderse, y dentro de él empezaba a nacer su orgullo; se sentía todo un rey a quien las olas le cantarían toda la madrugada. La noche por fin había borrado el maquillaje de la mar.

En la cabina del conductor sonaba una salsa. El vidrio de la ventana forraba todo Talara para conservarla. Punta Balcones, Negritos, el Puerto San Pablo, El Faro y las casas daban la impresión de que estuvieran dentro de una fuente de los deseos. Arriba, la luna llena parecía una moneda pegada a la ventana del bus; yo había cumplido mi promesa, pero a ella no lograba quitármela de la cabeza…”estoy pensando en amarte otra vez más, pero mi corazón dice que no, dice que no…”

  • Publicado en diario Correo

6 de abril de 2010

Distinta naturaleza


I
No bien amanece la atemporalidad te ubica en el mismo laberinto del que nunca podrás salir. Vas y vienes, desconociendo que el invierno pasa por tus costados y con su enorme boca te abuchea porque no tienes un lugar donde cobijarte. Tampoco tienes amigos; esos patas que te saludan por tu cumpleaños, y es que ni debes recordar el día en que naciste. Para ti el calendario se congeló desde el día en que empezaste a ver al mundo de otra manera.

Todo Piura alguna vez te ha mirado, te reconoce; espejismo para los choferes, luz verde para los transeúntes, cuerpo exquisito para la intemperie, profundidad para los poetas, y la nada para el poder. El bamboleo de tus brazos, con los que cortas el viento piurano, te caracteriza de los otros; de aquellos que dejaron de pensar y actuar como nosotros “los cuerdos”. Un pantalón marrón que la intemperie rehúsa a despintar; una calva que se encrespa cuando ve un peine ¿acaso no es suficiente con las partículas de polvo que alberga tu barba jamaiquina? La Piura te ha mirado, pero ella ha seguido de largo y atrás deja a los otros; a Octavio, Rambo, Juanita...
II
Por las tardes, descansas de pie en la pared de un colegio miraflorino. Eres la mancha que rompe la sincronía de los ladrillos, y que de ahí sólo la quitará el hambre. Incansablemente te pasas la mano por la cabeza como si trataras de ordenar tus recuerdos. Pero ese bamboleo de tus manos lo haces cuando estás molesto, cuando te persiguen para fotografiarte y plasmarte como “nuestra realidad” -que no es más que nuestra ficción- o cuando las lindas universitarias de La Nacional te quieren para sus trabajos de Comunicación. Y mientras ellas te observan, masticando un chicle Adams, no recordarás el sabor mentolado de la pasta dental, tampoco cómo lograbas el llanto, la fascinación por el sexo opuesto, y hasta cómo sonreías y te alocabas de la risa. Solo buscas algo con qué aplacar los lamentos de tu estómago; el único que día a día perfecciona su llanto.

Te miran como si fueras la fiera que ha escapado de la jaula de un circo. Desconocen que el león lo llevas dentro de ti; encarcelado con los barrotes oxidados de tus intestinos. Otros se burlan de ti, te escupen, se alejan cuando te ven pasar, y me pregunto el porqué. Pero no importa; tú no tomas importancia a sus rechazos, a esos gestos de desprecio, de asco, y de miedo. Sumisamente te alejas como si supieras que tu indiferencia les afectará, aunque sea muy tarde. Deberías decirles que eres indefenso y que buscas subsistencia. Pero de seguro, hasta la voz habrás perdido. Despreocúpate; así como hay personas que se hacen los locos cuando te ven, hay también quienes entienden el movimiento de tus brazos con el que mencionas, una por una, tus necesidades. Tu silencio es sabiduría virgen. Por eso, en tu locura deberías pintarte de verde y seguir pisando ese cemento incoloro que tienen las ciudades para que dejes huellas color anhelo. Así como en el cielo circulan blancas palomas que adornan el cielo, en la superficie circulan los hombres de barro; estatuas que van creando conciencia entre los hombres de carne y que les hacen recordar sus inicios: su primera naturaleza.
III
¿Recuerdas cuándo el tornadizo destino nos presentó? Seguro lo recordarás cuando la ruleta rusa que gira y gira en tu cabeza logre detenerse y te muestre las imágenes. Fue cuando te llamé por lo que me han dicho es tú nombre ¡Héctor! Volteaste y enseguida estiraste la mano. Nunca me miraste pero supiste llevar la amistad. Te pedí que esperaras porque iría a la panadería. Cortésmente te hiciste hacia un lado porque mucha gente, aquella que con el dedo medio se limpia los hombros, te miraba de manera extraña. Regresé y no bien recibiste el alimento te fuiste con dirección desconocida hasta que de lejos te vi hundir en la vereda.

Por las noches, algún rincón te cobijará para que vuelvas a ser parte de la nada. Sin ningún paño abrigador te regalarás a la perversa intemperie. Ni siquiera tienes una hospitalaria cama, ni una confortable almohada en donde reposarán tus sueños. Por las madrugadas te resignarás a la lucha de tu cuerpo contra el frío; seguramente el vencedor te torturará hasta el amanecer. Y no bien amanece; la ruleta te hará caminar sin control y te convertirá en un boomerang de carne y hueso. Te hará ir y venir a su antojo solo para buscar algo que te aplaque el hambre. Y ahí pueda que yo te encuentre nuevamente, y te salude porque te veo como los demás no te ven, y seguro que me ves como no ves a los demás. Cosa de locos, ¿verdad?...

  • A mitad del siglo XV, en Alemania, los locos eran llevados en barcos para ser soltados en lugares alejados de la ciudad, algunos eran dejados a mitad de camino, otros arrojados al mar. En Nuremberg, a pesar de que se manejaba un presupuesto municipal para su tratamiento eran encarcelados. En ocasiones eran azotados públicamente, y como especie de juego se les perseguía simulando una carrera hasta expulsarlos de la localidad golpeándolos con varas. A ellos se les llamaba los “cabeza alienadas” - Historia de la locura, libro I, Michel Foucault.
  • Publicado en diario Correo.
  • Este texto obtuvo una "Mención de honor" en Premio Nacional de Periodismo y Comunicación Social "Juan Landázuri Ricketts" realizado en Lima en el 2010.

27 de febrero de 2010

Aquellos años maravillosos



No bien los ochentas empezaron a cabecearse, la adolescencia de aquellos años y su deseo sexual despertaron. Ya no se estaba para corear canciones de Yola Polastri, incluyendo la mímica del telefonito es…No existía la necesidad de que los padres, llamada tras llamada, advirtieran a sus vozarrones hijos que en la próxima década no saltasen en los muebles mientras veían a las Nubeluz. Los afiebrados adolescentes empezaron a lucir como Pablito Ruiz, por eso Godos y Chesco incluyeron en sus catálogos al corte hongo que combinaba con el aretito de cruz. Las chicas, aparte de soñar con el autor de la Malagueña, anhelaban tener los dotes artísticos de la Paquita Peruana. La niñez dejó de chillar, y los elepés de Parchís y el libro Coquito se guardaron en la caja que con plumón advertía; RECUERDOS.

LA NUEVA ADOLESCENCIA
Los cuadernos se convirtieron en la carta de presentación. Ellos los adornaban con portadas de revistas Bravo o con papel periódico. Ellas, con fotos de los New Kids On The Block o de Jon Bon Jovi. Se llenó slams en donde se preguntaba cuál es tu cantante favorito, tu media naranja, qué harías por amor; etc. cuyas hojas de cuaderno Popular terminaban con la frase“+ amor, - odio, amigos x siempre, amor / entre los dos”. Y así como en la niñez, personajes como los globalizados de La Warner BROS, que brincaban en las paredes del salón y que bajaron para ocupar las cartucheras en las que presionabas un botón y salía un compartimiento para tijeras, otro para la goma, lápices, en la adolescencia los personajes de “Salvados por la campana” ocuparon las portadas de los Trapper Kipper.

Los jovencitos no bien almorzaban se dirigían a sus dormitorios cuyas paredes estaban colmadas de posters. Reposaban con el walkman; en casetes se grababan los éxitos de la radio; agarrar la canción sin la voz del DJ era una acrobacia: esa era la novedad que había dejado atrás al long play. La música satisfacía a todo el mundo: se grabaron más vídeos musicales que podían reproducirse en Betamax, pero si había dinero se encargaba un VHS de Miami o Japón.

LAS FIESTAS
Los sábados por la noche eran de fiebre, solo luego de guardar la Enciclopedia Nueva o el Baldor. Ellos vestían pantalón Lee desteñido y polo Summer of 69. Las zapatillas fueron el rostro de todo adolescente, marcaban la personalidad y hasta un estatus social. La estratificación iba desde las Troop, Layers, Convers, y las excelsas Reebok Clásicas. Algunos modelos tenían capsulas de aire en la plantilla, lenguas inflables, y hasta luces. Y así hubieran costado más de cuatrocientos o menos de cien soles, todas tenían que “silbar” al momento de refregarlas contra el piso. Y si esto no ocurría, se había caído en falsas promesas mediáticas, así como los zapatos de He-man con los que todo niño había sido embaucado gracias a las propagandas de Bata, en donde se veía que los zapatos botaban fuego y elevaban hasta las nubes a un chiquillo que había hecho berrinches a su padres hasta obtenerlos, y todo eso gracias al poder de Grayskull.

En las fiestas, así como el chicle Dos en uno de envoltura larga y rosada, fue infaltable el Meneito, y a pesar de que no podía bailarse también ponían canciones de Locomía. Y como si la Sociedad Protectora de Animales hubiera decido trasmitir valores apareció El baile del perrito, El baile del pato, y hasta El baile del mono, dudoso. Los pachangueros prefirieron graznar en los conciertos de Los no se quien. “Llaman a la puerta”, de Tierra Sur, protestó religiosamente contra los evangélicos. Y los que querían salir del español escucharon los technos que invadieron los lados A y B de los casetes, y que los más privilegiados ya empezaban a escuchar en “disc compact”. Otros prefirieron la voz ronca de Kurt Cobain. Los noventas también fueron de Jordy, un niño francés que por vender diez millones de discos fue difícil creerle su canción “Qué difícil es ser bebe”

LA PROMOCIÓN
Mientras los padres veían; Un mensaje a la conciencia, con el Padre Pablo; Fantástico o El baúl de la felicidad, sus hijos que ya eran “promoción” les suplicaban permiso para el viaje; Cuzco ya era una maravilla que debía plasmarse. Una fotito con la chompa de lana y el chuyo –y a jalar el rodillo- mostrando retazos incas –y otra vez a jalar la ruedilla- al lado de algún auquénido –y a comprar otro rollito Kodak de 24 tomas. También se estilaba venir con una trencita rasta en el cabello, símbolo de haber pasado por las calles serranas llenas de artesanos jipis.

El Jipy Jay era lo último que sonaba en las fiestas de promoción. Todos cantaban afiebrados en los patios del colegio, ahí donde hace muchos años cantaron Pinocho, La rana Cucú o Pimpón, iconos didácticos que enseñaban a lavarse las manos, a mantenerse en silencio, las estaciones del año, y hasta la forma correcta de saludar. Así, con la canción de Pepe Vásquez se despedía la promoción, pero no era más que un breve adiós, pues hasta hoy suena en los reencuentros, y es que el Jipy Jay significa un adiós a nuestra adolescencia.

Internet aún no venía a Perú. Todos se preguntaron por el futuro; se dijo que el fin del mundo sería el 6 de junio de 1996 sin imaginar que exactamente diez años después se diría lo mismo; que el anticristo había nacido y estaba con nosotros; y se tejió la teoría que en el año 2000 las computadoras se alocarían. Se dijo de todo, pero nadie tenía la predicción exacta. Mucho menos se pensó que algún día un objeto rectangular y delgado, que se llamaría USB, pudiera guardar un documento y fotos para una crónica, nadie; ni siquiera yo.


  • Publicado en Correo.

4 de febrero de 2010

Trazando rutas andinas



Nueve camionetas todo terreno salieron con destino hacia la sierra piurana. En el recorrido visitaron 9 lugares turísticos de la Mancomunidad Señor Cautivo de Ayabaca. Aproximadamente fueron 560 km. de recorrido que sobrepasaron las nubes. Acompáñenos en lo que fue nuestro recorrido.

La Wanka, Paimas
260 m.s.n.m.
Culqui, a 15 minutos de Paimas, fue el primer lugar que visitamos. La wanka de Culqui es una piedra antigua, ubicada en la entrada del lugar, que nuestros antepasados usaron de oráculo. En su cúspide está labrada la figura de un mono. Esta piedra la trajeron en 1993 desde el caserío Los Laureles que fue en donde se encontró originariamente. Hay personas del pueblo, que en el campo, han encontrado pequeñas piedras con animales labrados, gatos, ganado, y otras figuras que conservan celosamente en sus casas.

El Jaguey, Paimas
Conjunto de grandes rocas con orificios circulares de 8 a 10 cm. de profundidad de los que se sospecha fueron hechos para hacer pagos u ofrendas a sus dioses. Hay quienes dicen que ahí trituraban sus alimentos, y hasta quienes afirman que son huellas de algún platillo volador. A unos pasos de ahí se encuentra “la huella del gigante”, el rastro de un pie en roca que mide unos 40 cm. En el lugar también crecen los ceibos, aquellos árboles de forma humanoide, de los que extraen su algodón, que Ecuador utiliza para la confección de almohadas y colchones.

Lagunas
2100 m.s.n.m.
Se le llama Lagunas, porque antiguamente por ahí pasaban cinco lagunas. Y ahora, a pesar de que ya está poblado, de las veredas brota agua en los meses de invierno, es por eso que las veredas son cambiadas cada cierto tiempo. En el lugar sólo estábamos de pasada, Lagunas era el lugar que nos arrastraría hacia nuestro próximo paradero.

La Meseta Andina
3,500 m.s.n.m.
La Meseta Andina es un conglomerado de cerros verdes y grises, así como también de inmensas lagunas y húmedos terrenos que hace un buen tiempo albergó miles de ovejas, que la plaga del alicuy las mató La Meseta está conformada por terrenos de cultivo de oyuco, oca, papa, haba y cebada, a eso se debe su variopinta belleza. Estos cultivos son separados limítrofemente con el Méjico, planta de la que producen miel. La Meseta Andina también es misterio; se dice que en el cerro El Raucho hay oro y restos arqueológicos de la Cultura Vicús, o que ahí efectúan la fusión genética del cruce del huerequeque con la gallina, de la que se obtiene el mejor gallo de pelea.

Por la noche bajamos hasta Montero, a 1,200 m.s.n.m. Por los inmensos y coloridos cerros nos pareció que estamos rodeados de multicolores polleras serranas. El cañazo nos calentó la noche. Pero más tarde, ya de madrugada, la neblina bajó; ahí todos desaparecieron, incluso Montero.

DIA 2
Ocho de la mañana y las camionetas otra vez subían por las faldas de los cerros. Las llantas no había sido lavadas, el barro impregnado en ellas les daba la apariencia de que fueran hechas de chocolate.

Comunidad Campesina de Chonta
La Asociación de Mujeres Tejedoras Unidas de dicha comunidad nos abrió las puertas de la casa que hace las veces de almacén, centro de producción y muestra de sus productos. Ahí encontramos a Jovita Chuquihuanga trabajando en un tejido en el que llevaba 2 días, y que le faltaba solo uno para terminar la base de un bolso. Ella teje desde los 12 años de edad, ahora tiene 60 y se considera una de las más expertas de la comunidad.

Procesamiento de panela granulada
A unos pasos del local anterior, está la planta de procesamiento de panela granulada, o lo que llamamos “azúcar ecológica”. El proceso empieza desde el corte de la caña de azúcar, luego se muele extrayendo el jugo que entrará a la evaporación y cuando la miel está en punto de concentración/cocción se bate para que se granule. Ahí también se produce aguardiente, miel y chancaca o panela en barra que son exportados a Francia, Italia, España y Luxenburgo.

El alambique, Jililí1
478 m.s.n.m.
Son maquinarias simples artesanales y tradicionales con las produce el aguardiente, el cañazo o la pócima, que es el licor de mejor calidad que en Jililí se prepara. Todos aprovechamos para comprar varias botellas de cañazo. De ahí debimos salir rápido. Era el turno de que nuestros ojos se emborracharan, y no necesariamente con una pócima, sino con el próximo lugar que íbamos a visitar.

Bosque de cuyas
3,200 m.s.n.m.
Es un bosque con más de 600 hectáreas de ecosistema forestal único. Es hábitat de más de 100 especies de aves en las que tenemos pava barbada o de monte, búho estigio, colibrí pico espada, rasca hojas, quetzal cabecidorado, entre otros. Y también animales como el venado, el puma león, oso hormiguero, tigrillos y el armadillo. En cuanto a flora, encontramos lanzaguero, mora pachanguero, hay árboles de más de 400 años. Toda la flora y fauna es premiada con la Quebrada de Tablas, una pequeña catarata que cae del cerro Yantuma.

Sicchez
1,350 m.s.n.m.
Las tardes en Sicchez es ver a la gente reunida en la plaza. Jovencitas jugando voley, señores con sombrero en mano mostrando sus modales, señoras con sus hijos y ellos correteando sus gallinas. Todos ellos nos miraban como si fuéramos extraños, pero por dentro sabían que seríamos difusores de su pueblo. Pero con la lluvia que se vino en la tarde, todos ellos desaparecieron; se cobijaron dentro de sus casas. Era hora de regresar a las nuestras.

No bien dejábamos el Puente Paraje - esta vez de regreso- los baches desaparecían. Ahora el asfalto nos recibía como si fuera una tiesa alfombra; nos decía que habíamos entrado a la ciudad. Piura estaba ahí, otra vez.

  • Agradecimientos: A los concretadores del Proyecto FCPA C1L1 064: “Mejora de capacidades para la gestión, promoción y desarrollo turístico sostenible en la Mancomunidad Señor Cautivo de Ayabaca”.

  • Restaurantes de la ruta andina; En Paimas, Restaurante “El Paimeñito”. En Lagunas, Restaurante de la Sra. Córdova. En Montero, Restaurante “Paucar”. En Sicchez, Restaurante de la Sra. Amada.
  • Publicado en diario Correo.

3 de enero de 2010

Manos que ven


A gatas entramos a la cabina. Gerardo se da cuenta de nuestra presencia, inclina la cabeza y de espaldas nos saluda. A duras penas respondemos su saludo; interrumpir en una radio es muy vergonzoso, más aún si el conductor está a unos segundos para salir al aire. Él tiene todo listo para la transmisión de su programa; las cuchillas de la consola, reguladas; los cedés, ubicados correctamente en sus cajas; los dos teléfonos y los dos celulares, a su costado; las señales del satélite, comprobadas, el winamp abierto con la lista de canciones, entre otras cosas. Todo bajo el control de sus manos, como si las yemas de sus dedos tuvieran ojos. Gerardo Cruz García, conductor de tres programas radiales es invidente; él mira con el tacto.

En la radio se guarda la serenidad de una concentración yoga. Él permanece estático frente al micrófono que reproducirá su gutural voz. Mientras que sus radioyentes, en sus casas, estarán regulando la perilla hasta la 700 de la Amplitud Modulada para escuchar una edición más de “Añoranzas de mi tierra”, el segundo programa que Gerardo dirige. No bien da la bienvenida, se percata de que debe regular el volumen en la consola. Enseguida sus dedos se dirigen hacia la perilla indicada. Parece un rayo: en tan solo unos segundos ha puesto música de fondo a sus palabras. Luego monta un aviso publicitario de sus auspiciadotes que está grabado en un disco. Las manos vuelven al teclado de la computadora; otra vez la música de fondo.

Detrás de él todos estamos perplejos. Perder la vista debe ser como si existieran nubes negras y que éstas cayeran un día hacia la tierra. Rompiendo con nuestra inactividad reflejada en el vidrio de la cabina; Lety empieza a fotografiarlo; Jaime, con la cabeza aprueba la fortaleza de un padre de tres hijos que sus huellas digitales han de palpar, al igual que el rostro de su esposa, para luego dibujarlos en su mente. Gerardo es un padre ejemplar, un ejemplo de vida, una vida de ejemplo.

Suena uno de los dos teléfonos y levanta el indicado. Nuevamente nos sorprendemos, pero ya basta de eso porque en lo que falta del programa no solo atenderá un en vivo y en directo, también en las propagandas contestará su celular, o buscará la canción que han solicitado y sino está en la lista de la computadora manoseará un estuche para escoger el disco compacto que colocará en el lector para finalmente situar el número del tema. En su mano la regla Braille, un punzón y una cartulina con los que anotará los pedidos o saludos de la gente que envía desde las llamadas en off. Y mientras hace todo esto, seguramente él estará preguntándose porqué no tuvo más manos para hacer más cosas que nos dejaran más sorprendidos.

En la radio la hora se desvanece, como si Salvador Dalí lo rigiera; Añoranzas de mi tierra ha terminado. Gerardo nos invita a salir de “La voz del desierto” para refrescarnos en las instalaciones de CIPCA. Ahora su mano agarra su bastón con el que va hurgando el piso o cualquier materia que se le interponga en su lento caminar. Sentado en una banca y con el bastón a su costado empieza a relatar su historia.

Perdió la vista a los trece años. La adolescencia significó dejar a un lado el sueño de ser futbolista, deporte que había heredado de una familia amante del balompié. Fue como si otra vez hubiera nacido, pero esta vez envuelto en una placenta que nunca pudo romper. El círculo social que frecuentaba se derritió como un queso a la waflera. A los quince, luego de abandonar el San Miguel de Piura, viajó hasta Arequipa para la rehabilitación en su discapacidad visual en el Centro de Educación Especializada “Nuestra Señora del Pilar”. Ahí las madrecitas franciscanas le enseñaron el uso del bastón, desenvolvimiento e inclusión social, el sistema de lectura y escritura inventado por el francés Louis Braille. También aprendió el manejo de la guitarra, de esto bromea: “hay mucho ciego guitarrista, así que mejor elegí locutor de radio”.

A sus diecisiete regresó a Piura para poner en práctica lo aprendido. Terminó la secundaria en el colegio que había abandonado. Empezó a trabajar de locutor en Radio Grau, y en los años siguientes en puestos relacionados con estaciones radiales, hasta que Radio Cutivalú le propuso la dirección del nuevo programa “Si hay porvenir”. Quién más que él para conocer la falta de apoyo para los que de un día despertaron y atestiguaron que, a pesar de que tenían los ojos abiertos, seguían viendo esos puntitos y serpentinas de diversos colores que correteaban en un fondo negro. Con bastón en mano empezó dirigir el programa que su ceguera siempre vio como “lo que faltaba en su ciudad”. Para su primer aniversario en el aire tuvo como invitados a dos músicos invidentes; Gilberto Morales y Martín Naranjo, quienes cantaron algunos valses y boleros.

En el cielo átomos de color gris nos avisan que Gerardo debe regresar hacia su casa, a veces las combis no quieren llevarlo. En el camino dibujará a su esposa e hijos; personajes que pintan su vida y lo esperan en casa. El bastón inclinado a un costado de su asiento volverá inservibles a sus manos, pero únicamente hasta que haya sentido el gran hueco de la avenida Circunvalación. Unos segundos más allá tendrá que bajarse. “El día que parchen ese hueco y no sienta el bache ahí me voy a perder” Pero no hay que ser necesariamente vidente para saber que esa hendidura será eterna.

Otra vez sus dedos han mirado al bastón...”¡Bajo por favor!”.




  • Publicado en Correo, Piura.
  • Fotografía: Leslie Letycia Robles Supo.
  • ANOTACIONES EXTRAS: Gerardo Cruz García aparte de dirigir “Añoranzas de mi tierra” (lunes a domingo de 2-4p.m.) y “Si hay porvenir” (martes 5-6p.m.) también dirige “Me quedo contigo” un programa de música romántica que va de lunes a sábado de 6 a 8 p.m.

31 de diciembre de 2009

Adiós, miss Inés

Uno de los momentos más inesperados, fantásticos y extra-académicos que he vivido en la universidad fue junto a mi profesora Inés Arteaga Campos cuando luchamos en contra del levantamiento de hormigas en la Facultad de Ciencias de la Educación. Sucedió mientras escuchaba clases de Gramática Española II en su despacho, desde su computadora empezaron a salir decenas insectos que con el vidrio del escritorio se multiplicaban por dos. Atrás dejamos los Complementos Circunstanciales, Causales y Modales para saber de que parte de la computadora salían.

Durante minutos siguieron invadiendo el escritorio, entonces, le propuse revisar el teclado. Lo soplé y los “bichos” empezaron a salir atrincherados dispuestos a invadir otros terrenos. Fue tanta su rebeldía que tuvimos que sacar el aparato hasta el balcón. Luego de soplarlo varias veces salieron al ataque un ejército de quinientos minúsculos guerreros. Desconocíamos si se trataba de una plaga que había tomado como campo de reclusión a la UDEP; nos alertamos. Al imaginar que por dentro yacía un grillo muerto, que había sido introducido a cuestas, decidí abrir el teclado.

Ninguno de los dos sospechamos que había dejado de ser un aparato de cómputo para convertirse en el hábitat de de aquellos insectos sociales. Lo más increíble era que dentro de cada tecla había huevos y en cada separación, racimos de huevos. El teclado parecía un hospital de maternidad de hormigas. Lo extraño era que no había ni una sola migaja o de alimento. Dudábamos si se trataba de hormigas, puesto que las invasoras eran más pequeñas, de color amarillento, y de panzas blancas. La Profesora Inés se encargó de aplicar insecticida en spray, mientras yo, pasado unos minutos, de lavarlos y secarlos para no dejar vestigios de su imperio. Finalmente, le roseamos abundante alcohol el cual blanqueó parte de su plataforma negra.

La profesora, luego de que le brotaran del brazo ronchitas que rascó y dio origen a más brotaciones, entró en confusión; repetía que soñaría que las hormigas se le subían por todo el cuerpo mientras dormía. Le bromeé que amanecería como el personaje de La Metamorfosis y que el Doctor y escritor Crisanto Pérez, su esposo, ya tendría tema para escribir un excelente cuento. Sorprendida dijo, “ni me lo digas, que me lo tomo a serio y hoy sueño eso”, luego sonrió.

Pasado varios días yo rendía mi examen final en su despacho. Esta vez ninguna hormiga paseaba por el escritorio, ni una se asomaba por las rendijas de la computadora; la profesora Inés y yo habíamos acabado con la plaga de insectos. Pero en esa lucha también habíamos derrotado a uno de los nuestros; el teclado, que había dejado de funcionar. Pero si no lo hubiéramos sacrificado, tal como ya lo apostábamos, esos insectos que con huevos y todo calculamos unos dos mil hoy fueran parte de la UDEP, así como los pavos reales, los zorros o los venados.
Terminado el examen le estreché la mano. El destino evitó que nos deseáramos una feliz navidad. Nunca más la vi. Hace varios días le envié un e-mail agradeciéndole las ediciones de mis crónicas, también enviándole saludos navideños que seguro nunca leyó. Pero de lo que estoy seguro es que algún día volverá a separar fecha en su agenda para enseñarme las gramáticas, y que esas caprichosas hormiguitas volverán, y nosotros acabaremos con ellas, pero menos con otro teclado, entonces, seremos unos verdaderos héroes.
  • La Columna, Diario Correo.

10 de diciembre de 2009

Roger, a todo pulmón


“Esta realidad tirana que se ríe a
carcajadas,
porque espera que me canse de buscar (...)
(…) Un amigo en la carrera,
una luz y una escalera
y la fuerza de hacer todo a pulmón”
TODO A PULMON, MIGUEL RÍOS.


Mientras que en la capital y por televisión nacional artistas anfitrionan la populosa Teletón, en Casa Grande a 44 Km de Trujillo, Roger con un tumor de 15 cm de largo, 11 de ancho y 8 mm. de grosor, que le cubre el corazón, anfitriona su campaña “Ayúdame a vencer el cáncer”. Y a pesar de que pocos han llegado; para él la indiferencia tampoco mata.

Sábado 9 p.m. Colegio Jorge Chávez. Pareciera que Roger está preocupado por su fiesta, se le ve arreglando los caballetes, colocando sus cuadros y mencionando sus precios, llamando por micrófono a la gente que pasa por las afueras del local. “Se les hace una invitación a todos los casagrandinos para que disfruten del show artístico y de la subasta de pinturas en apoyo de nuestro hermano Roger Huaccha Plasencia”, dice con esa mirada optimista como refiriéndose a uno de los presentes y no a él. Incluso da unos pasitos de salsa al son de La India. Con su ánimo, fuerza y voluntad empieza el evento sin que le minimice las tres personas que conforman el público.
Como preliminar una oración. “El Señor es tu único doctor quien puede curarte”, le dice Olga Díaz, encargada de la reflexión y las súplicas, que tiene una fonética a elegía.

“Somos libres seamos lo siempre” canta Roger, con su mano cubre ese tumor que con cada quimioterapia se le encoje y le araña el pulmón izquierdo. “Que faltemos al voto solemne”, y dos señoras se incorporan al Himno Nacional. Ahora el público lo forma diez personas, pero sin ninguna autoridad presente. “¡Viva el Perú, Carajo!”.

Luego de que el animador le solicite unas palabras, Roger sale al escenario con un chullo que le cubre las nueve quimioterapias que borraron los contornos negros de su cabellera. “Gracias a ustedes que me regalan unas horas de su tiempo”. Es hombre de pocas palabras.

Es el turno de Guillermo Cabanillas quien acompaña las pistas de algunos temas de la Nueva Ola. “…si tu cariñito y el mío habrían de encontrarse en el mismo camino…”. En primera fila, Roger y su madre cantan, sonríen y aplauden. Por ese instante el cáncer es cosa del ayer. Atrás quedaron las nueve quimioterapias, los hemogramas, los baños de cobalto, las hidrataciones y los mil doscientos soles que se gastan mensualmente y que son difíciles de conseguir.
A unos pasos del escenario los cuadros se agitan por las ondas de los potentísimos parlantes. Y a pesar de que aún faltan números artísticos a cargo de un dúo de jóvenes hip hopers “Crew Rap CG”, y el grupo de baile “Picardía y Salero”, en las afueras del colegio la gente pasa y pasa, va y viene con los huesos fríos y duros a causa del clima de su indiferencia.
A las 11 p.m. las luces del colegio se apagan. Los amigos de Roger se le acercan, con abrazos le transmiten un “cuenta conmigo”. Se acercan hacia su madre “fuerza señito, no se quiebre ni se deje vencer”. Roger agradece a los pocos asistentes. Con alegría le dice a su mamá “un cuadro me han separado”. Enseguida recoge sus pinturas con la misma energía con la que inició su evento: su fiesta. Por ese momento olvida que tiene que reposar y no hacer mucho trajín porque al mínimo esfuerzo el dolor físico se apodera de todo su cuerpo. Pero reconoce que el poco dinero que recaude le servirá en algo para internarse en el Belén para su décima quimioterapia. Sabe que todo saldrá bien, así como lo ha sido hasta ahora. “Cuando el doctor detectó el tumor que cubría mi corazón a mi madre le dijo, ‘ya es por demás, mejor llévenselo a su casa’. Ahora sé que hay médicos que prefieren poner tristezas en vez de quitar tumores”. Pero justo saliendo del consultorio un practicante, contradiciendo a la “sabiduría de su maestro”, le recomendó hacerse nebulizaciones, desde ahí Roger empezó a mofarse de la enfermedad.
Roger y su madre salen del colegio. En las afueras la gente sigue pasando, yendo y viniendo con los huesos fríos y duros a causa del clima de su indiferencia. Ellos no habían escuchado nada, no habían visto nada, no habían apoyado en nada. Absolutamente en nada. Y sin embargo, Roger y su madre con los tres tarros muy ligeros de solidaridad, entre por favores y permisos, traspasaron la multitud ciega ante sus necesidades.


  • Crónica publicada en Diario Correo.
  • Edición: Walter Toscano.
  • Anotaciones extras:
    Para los interesados que deseen adquirir algunos de los cuadros de Roger comunicarse al 044- 315501 o al 044-949541021 o al correo electrónico roger1817@hotmail.com Sus pinturas las pueden ver en http://www.rogerarts.blogspot.com/ así como también el nombre de algunos medicamentos que necesita para su tratamiento.