2 de mayo de 2011

Piura, la ciudad mágica.


Cierto día, debajo de un algarrobo, me pregunté ¿Qué era Piura? Y la respuesta la obtuve cuando tan solo iba observando mí alrededor; y en mi cabeza se iban dibujando las diversas fotografías de la ciudad del eterno calor…

PIURA ES CALOR. Es un caldero ardiente como el desierto de Sechura. Son los cabellos de un sol surfista que caen a las seis de la tarde sobre los hombros de la ciudad. Es una calurosa cama cubierta de infinitas sábanas marrones donde crecen valientes algarrobos. Es el fuego constante de la leña con la que cocinan las criollas vivanderas. Es la inapagable fogata de un campamento en la playa. Es la cocina donde hierve el agua llamada Fenómeno del Niño. Es el verano, un churre egoísta, que rehúsa a ceder el paso al resto de las estaciones. Piura es, y siempre lo será, calurosa como su saludo “Buenos días de Dios”

PIURA SIGNIFICA REFRESCARSE. Es un clarito helado servido en las picanterías y restaurantes. Es humedecer la alegría en los coloridos carnavales de Catacaos. Es la rojiza raspadilla por el San Teodoro. Es otorgarse un buen nado en Los Ejidos. Es la cremolada de guanábana servida en los vasos naranjas del Chalán. Es expulsar el vaho mientras uno se asombra con los paisajes de la Suiza Peruana; Canchaque. Es la soya helada, en cualquier carretilla, con su respectiva yapa. Es Máncora donde Sofía Mulanovich aprendió a ser la Campeona Mundial. Piura es fresca como la amicalidad de los piuranos.

Piura es magia. Es la mejor mesada de curanderismo que deja hipnotizado a querer regresar. Es el majestuoso y enigmático Cerro Vicús. Es observar ovnis en Piura La Vieja. Son los seductores castillos de fuegos artificiales de las fiestas jubilares. Es deshacer al frío en la misma sierra con un vasito descartable de cañazo. Es hacerse una curación en las Huaringas. Son los ceibos, magnánimos señores que nos dan la bienvenida con brazos abiertos en el camino serrano. Es la seductora filigrana de Catacaos. Es abrazar al Perro sin pelo del Perú y tener una terapia al natural. Piura es magia, y tal como lo escribió Vargas Llosa, Macondo bien pudo ser Piura.

PIURA ES COSTUMBRISMO. Es la lluvia constante de una planta, que moja al suelo piurano; sus gotas, las algarrobas. Es el burro el mejor amigo del hombre rural, y el mejor guía turístico del camino bajopiurano. Es el cholo recio y terco trabajando la tierra. Es la chicha de jora, la Coca-Cola criolla. Es la banda de músicos en los mayordomos llevando las partituras en sus espaldas. Son los churres bajopiuranos saliendo a matar lagartijas y tumbar panales, moviendo sus hondas para que el choqueco no se las cuartee. Son los sombreros de paja colgados en las paredes de las jugosas picanterías. Son las ollas y cántaros de barro hechos en Simbilá. Es la bajada de Reyes en Narihualá. Son las yunsas bajopiuranas. Es el rasgo fonético cantado ¡Oiga doña, ojala regrese pronto por aquí!

PIURA ES COLOR. Son las blusas fucsias y turquesas, y las polleras negras con bordes dorados de las bajopiuranas. Es la cumanana recitada por los mulatos de Yapatera. Es el más fragante café canchaqueño y el mango avergonzadísimo de Chulucanas. Son los sembríos de arroz; la mejor cancha de fulbito, el mejor grass artificial del Bajo Piura. Es el Valle del Chira y su batallón de cocoteros bien alineados que se encrespan a un costado de la carretera para ser fotografiados. Son los millones de diamantes celestes del mar de Cabo Blanco, lugar donde llegó Ernest Hemingway, Premio Nobel de Literatura, en busca del merlín gigante.

PÌURA ES RITMO. Es el coqueteo del gallo con la gallina llevados a un baile norteño: el tondero. Son los negros malgaches sonando sus lapas y produciendo el sonido tun, tun, tun y dando inicio al tondero. Es la pegajosa cumbia sechurana de Agua Marina escuchada en todo el Perú. Es música clásica de la Orquesta Sinfónica Municipal de Piura. Es la gente danzando, junto a su entidad, en las fiestas patronales. Es el acostumbrado e histórico Festival Nacional de Tondero y Marinera Norteña. Es una ciudad llevada a la rima criolla; El Rosal Viviente.

PIURA ES PERSIGNARSE CONSTANTEMENTE. Son sus habitantes y los salesianos volcados a la procesión de la Virgen María Auxiliadora. Es arrastrar las ropas y promesas hacia La Virgen de las Mercedes de Paita. Es la mochila, cargada de promesas, que lleva en el pecho el peregrino al Señor Cautivo de Ayabaca, y también son los milagros que hace éste “Negrito lindo”. Son los jóvenes sedientos por una misa dominical. Piura es la ciudad religiosa por excelencia. Es el catolicismo volcado al Congreso Eucarístico y Mariano.

PIURA ES HISTORIA. Son Los Tallanes o los yungas sus primeros pobladores. Es el apoyo al indígena por parte del curaca tallán Lucas Cutivalú y del sacerdote Juan de Mori. Es la cuna de nuestro héroe, a quien aún no se le ha hecho una película; Don Miguel Grau Seminario. Es la connotable medicina de José Cayetano Heredia. Son los clásicos apellidos; Los Seminario y Los Checa. Son las obras de Miguel Checa y Checa. Es la cuna de la superación de los Ciccia y los Romero. Es la agitada Mangachería, inmortalizada en la pluma de Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel de Literatura.

PIURA ES CULTURA VIVA. Es la primera ciudad en Sudamérica fundada por Francisco Pizarro en 1532. Es la reunión nocturna de jóvenes artistas en La Plazuela Merino. Es retornar a la época colonial mientras se aprecia La Catedral. Es el conjunto de escritores tejiendo su literatura costumbrista. Es Fernando Barranzuela, el último pendenciero que recita pícaros versos a las negras de Yapatera. Son las manos de talla internacional de Óscar Aquino. Es Miguel Gutiérrez y Marco Martos cuyas plumas siempre vuelven a seducirse por su natal ciudad. Son sus bares y chicheríos que ficcionaron en La Casa Verde, la novela del Nobel de Literatura.

PIURA ES CULTURA EMPOLVADA. Es el Príncipe de las Letras Nacionales, Enrique López Albújar. Es la lucha a favor de las comunidades indígenas de Hildebrando Castro Pozo. Son las pinturas de Ignacio Merino que inspiraron a Julio Verne a escribir sus primeros relatos. Es La Encantada que rescata las técnicas de la civilización Vicús. Es el escultor piurano Víctor Delfín construyendo La Paloma de la Paz. Es La iglesia de San Lucas, la primera construida en el Perú y la casa de Manuelita Sáenz, la compañera de Bolívar durante su proeza libertadora.

PIURA ES HACERSE AGUA LA BOCA. Es el mejor cebiche del Perú. Es comer un frito los domingos a las seis de la mañana. Son las comidas de madrugada en Cordovita. Es la pachamanca piurana: el copús. Es el substancioso pepián de pavo y la sopa de novios en los mayordomos. Es la nutritiva algarrobina y su yupisin. Es el pobre de Chabelo y su seco. Es Pedrito curtiéndose los dedos para seducir con su cebiche a Gastón Acurio. Son los tamalitos verdes y las empanadas de Don Manuel. Es el pasao por agua caliente, las cachemas fritas con sarza, y una malarrabia de un viernes santo. Es subir unos kilos con los 7 potajes en Semana Santa, y en cualquier bendita semana que decidamos probar algún plato piurano.

PIURA ES LA CIUDAD HUMANA. Es la Plaza de Armas, el corazón de Piura. Es la transitada Avenida Grau, su columna vertebral, y su cerebro: la Biblioteca Municipal. Es Piura y Castilla las dos manos trabajadoras que levantan la ciudad. Es Catacaos la boca de Piura. Es el sol de Colán y la luna de Paita; los grandes ojos de la ciudad, que desde lo alto guiñan constantemente a los turistas. Son Correo y El Tiempo sus manos redactoras. Es la amicalidad y hospitalidad de los piuranos su mejor rostro.

Entonces, concluí que es imposible minimizar el calor y la riqueza de ésta, la Piura donde nací, hubiera querido nacer y donde quiero morir…
                                                                    Julio 2007 – Setiembre 2010, San Miguel de Piura

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