Poetas que leen a Vallejo por la madrugada. Trovadores que versan encima de la incoloridad del cemento. Punks que con sus ropas oscuras se camuflan en la noche. Metaleros que rugen dentro de la penumbra de sus oscuros polos. Skaters que flexionan sus rodillas hasta más de un metro de altura, y de bikers que giran los timones de sus BMX. Grupos juveniles urbanos macerados por el arte, y que por las noches se reúnen en un tradicional ambiente; la Plazuela Merino.
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LA FAMILIA DE LARGOS NOMBRES.
Don José Clemente Merino Arrieta del Risco y Avilés, luego de que fuera alcalde de Trujillo en 1808, y bajo el brazo trajera el cargo de Juez Real, Subdelegado y Comandante Militar del Partido de Piura, se instaló en nuestra ciudad junto a su esposa Micaela Muñoz de Ostelaza Cañote y Ríos. Ellos tuvieron un hijo que bautizaron un 9 de febrero de 1817 en la Iglesia Matriz de Piura con el nombre de José Ignacio María Pedro Nolasco y Ramón Merino Muñoz, más conocido como Ignacio Merino.
ALLÍ DONDE SE LEVANTÓ LA PLAZUELA.
Cierto día, el empresario alemán Carlos Schaefer Shon donó a Piura toda una manzana. El terreno que estaba ubicado entre la calle Libertad –antes llamada calle Real- y la avenida Sánchez Cerro –antes calle Querecotillo, luego jirón Ancash- albergaba algunas casas coloniales que años después pasaron por la demolición. Una de estas fue la casa donde nació el poeta Carlos Augusto Salaverry Ramírez que se destruyó a fin de disponer más espacio para ahí mismo levantar una plazuela.
EL PINTOR UNIVERSAL.
El pequeño Ignacio viajó a París a los once años. Se convirtió en pintor universal cuyos cuadros inspiraron a Julio Verne para escribir sus primeros relatos. A causa de una infección pulmonar murió el 17 de marzo de 1876 a los cincuenta y nueve años. La riqueza indicada en su testamento era de 110621,3 francos, 6903,10 soles, 13000,00 dólares y 2420,00 libras esterlinas. De aquel documento firmado ante el Cónsul del Perú en París el pintor dejaría dinero para diversas obras públicas de Piura.
UN SÁBADO DE 1903.
A las cinco de la tarde del 15 de agosto de 1903 se inauguró una plazuela en el terreno donado por el empresario alemán. Delante del pedestal de cemento estuvo el Prefecto Vargas Quintanilla y el escultor de la obra, el contratista italiano Agustín Marazzani Visconti. Alrededor de los cuatro simétricos jardines estaban autoridades políticas, judiciales, municipales, y los miembros de la comisión que se encargaron de levantar la plazuela que llevaría el nombre del pintor de los seis nombres.
LA DONACIÓN.
Con la donación que hiciera, Ignacio Merino deseó que se construyera una pileta y que se le hicieran una máscara de plata que tuviera inscrito “Merino a Sescau”. Pero en realidad, en nuestra ciudad se hizo otras obras; el Puente Viejo que duró solo 4 años porque en 1891 un Niño travieso lo trató como si fuera un juguete; una verja que protegió a la estatua de La Libertad en la Plaza de Armas hasta 1906; y hasta alcanzó para la pila bautismal de la Iglesia Matriz. Pero nunca se hizo la pileta que el pintor universal tanto anheló.
LOS DOMINGOS DE RETRETAS
La Plazuela Merino en verano siempre fue uno de los lugares más concurridos de Piura antigua. Se disputaba la preferencia de los piuranos junto con el Puente Viejo. Pero la plazuela era frecuentada especialmente los domingos en las retretas a cargo del Regimiento Militar de Piura. Aquellos días ir a la plazuela era un paseo obligado, un encuentro de parejas y amigos donde se bailaba y disfrutaba de la música marcial, valses, marineras y hasta fragmentos de opera.
108 AÑOS DESPUÉS.
Una masa de bronce se levanta arriba del cemento incoloro: tiene la figura de un pintor. De pie, Ignacio Merino vigila el lugar más histórico de Piura. Viste con guardapolvo acostumbrado por los artistas de los mil ochocientos, y con una boina vasca que le cubre de los pincelazos amarillentos del sol. Por las noches, le rodean artistas que le rinden tributo al arte. Ignacio Merino mira hacia el río, quizá persiguiendo con la mirada a quien se robó su pincel de oro, aquel instrumento que le dio reconocimiento universal.
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Publicado en suplemento Semana de diario El Tiempo, domingo 4 de diciembre 2011.
La fotografía fue la ganadora del I Concurso de Fotografía "Ciudad y Arquitectura" organizado por el Colegio de Arquitectos de Piura.
Me encantó esta entrada,siempre transmites cultura.Tienes un espacio en donde puedo sentir el aroma a reflexión y evolución.Un abrazo fraternal de esta seguidora y felíz año 2012 para ti y los tuyos.
ResponderEliminarEy, mi estimada muchas gracias por escribir. Qué agradables palabras. Soy de Piura, Perú, de ti sé que eres de Chile, nada más. Te dejo mi msn a ver si me agregas y charlamos. Un beso y abrazo, y muchas gracias por escribir y seguirme. Feliz año. R.-
Eliminarrichardchavez@live.com
EliminarYo opino que los Celulares Nokia son los mejores, no por nada lideran siempre las ventas, en cuanto a portátiles, las laptops Toshiba son las mejores, ya que son económicas y ofrecen un mejor rendimiento.
ResponderEliminarBueno mi estimado, no puedo opinar nada al respecto; no uso celular. Pero gracias por comentar, un abrazo. R.-
EliminarPor mis tiempos profesionales no he podido dejar comentarios en tu hermosa casita,sin embargo, siempre estoy visitándola.Me encanta entrar a verte y saber que allí, encuentro cultura, pensamientos y meditación.No cambies nunca esa esencia que transmites.Un saludo muy fraternal.
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